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Seminaristas

séminaristes à Lourdes A lo largo de 2 ó 3 semanas que dura su estancia, los seminaristas llevan una vida de convivencia, encontrándose durante los momentos de oración y de comidas por la mañana y por la noche.

De esta manera disponen, todos los días, de momentos para conversar y participar, favoreciendo las relaciones fraternas en un contexto de auténtica universalidad. Los seminaristas llegan aquí desde numerosos países europeos y también de los cinco continentes. Aseguran una acogida: a los peregrinos que hablen una de las 6 lenguas usuales en el Santuario: francés, italiano, español, inglés, alemán y neerlandés; a los seminaristas de peregrinación en Lourdes. Alojados en un mismo lugar y después de haber recibido una formación específica, los seminaristas entran en contacto con los peregrinos en los distintos servicios del Santuario.

 

Contacto

Padre Teótimo González
1, av. Mgr. Théas 65100 Lourdes / Tel : 33  (0)5 62 42 78 59 / Fax : 33 (0) 5 62 42 89 56
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En Lourdes se reciben seminaristas del mundo entero

séminaristes à LourdesP. Roberto Villa, Oblato de María Inmaculada, capellán de Lourdes

Deseo sencillamente dar testimonio de la alegría que he sentido al acoger y acompañar a los seminaristas que estaban sirviendo en Lourdes durante la temporada de las peregrinaciones en el 2015, durante los meses de julio, agosto y la primera mitad de septiembre. El tema pastoral de este año: “Lourdes, la alegría de la misión”, ha constituido la tela de fondo de esta iniciativa siguiendo las precedentes.
 
Hemos recibido 130 seminaristas de diferentes diócesis de Francia, Italia, España, Alemania, Inglaterra, Bélgica y Holanda, algunos de ellos originarios de países fuera de Europa: Estados Unidos, China, Vietnam, India, Argentina, Colombia, Jamaica, Congo, Togo y Líbano a los que se añaden una docena de sacerdotes jóvenes franceses, ordenados recientemente y que se han turnado para vivir esa gran experiencia de la Capilla de la Reconciliación. Se alojaban todos en la Casa “Marta y María”, donde yo era el encargado de recibirlos y acompañarlos. Hemos podido vivir la alegría de la vocación y de la misión en un ambiente de acogida recíproca, a la luz del mandamiento de Jesús, reconociéndonos como discípulos suyos reunidos en torno a la oración común al inicio y al final del día, recitada en todas las lenguas, con cantos y con la escucha de la Palabra de Dios. Esto ha permitido a cada uno descubrir cómo la llamada del Señor llega a la frontera de todos los corazones y de todas las nacionalidades.

“Una vez que perdí mi timidez, me sentí animado para hacerme amigos con todos:¡Anda! ¡Sin miedo!, me dije a mí mismo. Enseguida pensé en los seminaristas chinos: ¡imposible acercarse a ellos! Ahora que la experiencia ha terminado puedo afirmar de verdad que he hablado con todos, incluso con los chinos. 'Basta de avergonzarse', me dije, 'no hay que tener miedo'. Estoy llamado a ir al encuentro de los demás idiomas, de otras maneras de pensar, otras culturas. Todo ello me ha abierto nuevos horizontes y me ha hecho entender que en el fondo, el lenguaje común es el de Jesús: el Amor, el Único que nos ha reunido a todos, como en una gran familia, en la casa de Marta y María”; (Michele)

El entusiasmo de la vida comunitaria ha sido incentivado por las comidas compartidas, la sobriedad del entorno, el servicio en el interior del lugar de acogida y la riqueza del testimonio recíproco.

“El Señor me ha aportado mucho todos los días, a través del encuentro con los otros seminaristas de diferentes naciones. He vivido la alegría de la fraternidad universal, del servicio, la relación recíproca a pesar de la barrera de las lenguas y de culturas diferentes. He visto la fe que existe en el mundo, aunque hoy parezca que ya casi no hay. He visto como Jesús obra a través de Su Madre, que reúne a millares de personas repartidas por el mundo entero y les lleva por el camino de la verdad”. (Gianfranco)

Todos se han sentido incitados, con generosidad, a ir al encuentro de los demás y de los peregrinos que esperaban todos los días ser recibidos en las piscinas, acompañados en las catequesis, en el viacrucis, por los lugares donde vivió humildemente Bernardita, su vida (primera cuna de toda vocación), en las celebraciones litúrgicas internacionales y nacionales, en la adoración eucarística. La oración y el tiempo de reflexión personal pasadas en la Gruta, las conversaciones personales y el Sacramento de la Reconciliación han permitido releer experiencias vividas durante un año de seminario y agradecer a Dios por todo lo recibido. Los acompañamientos de los jóvenes y de las vocaciones, con las comunidades de jóvenes que sufren diferentes dependencias, con las religiosas de los monasterios de Belén y del Carmelo han sido momentos particularmente intensos. Sin olvidar el contacto con los Capellanes del Santuario, los coordinadores y los sacerdotes de las nacionalidades presentes en Lourdes.

“La fraternidad sacerdotal que he visto en Lourdes ha sido increíble: he encontrado personas consagradas que aman a Jesús, el Vivo y son felices de servirle en Iglesia. La universalidad que emana de esa vida comunitaria es irreemplazable. He encontrado a una Iglesia que es más universal que internacional, hecha de tantos corazones, de almas y de cuerpos que van hacia un mismo Corazón, una misma Sabiduría, un mismo cuerpo. La comunión eclesial y las amistades tanto humanas como espirituales son el bagaje más valioso y más fuerte que ningún viento adverso pueda dispersar”. (Domingo)

“Sentí dentro de mí la invitación de María para venir a Lourdes y también porque era muy fuerte el deseo de confiar entre sus manos mi experiencia de seminarista y de futuro sacerdote. Sin pensarlo dos veces propuse mi disponibilidad, sin saber lo que iba a hacer ni lo que me esperaba. Me llamó la atención el contenido de la carta de recibimiento. Mencionaba las palabras de María a Bernardita. Durante la tercera aparición, la Señora le pedía que le hiciera la gracia de venir a la cita con Ella durante quince días. Yo también he querido responder positivamente y dar mi disponibilidad para pasar quince días al servicio de Nuestra Señora de Lourdes. Los siguientes días nos presentaron los servicios que había que hacer en el Santuario y confieso que me sentí incapaz de acompañar a los peregrinos por el trayecto “Tras las huellas de santa Bernardita”. Pero ese servicio me ha aportado mucho, tanto desde un punto de vista espiritual como humano. Recorriendo la vida de Bernardita he recorrido también la mía: los sufrimientos vividos cuando era niño; el apoyo de mis padres que, como los padres de Bernardita, se amaban y siguen amándose. Las humillaciones sufridas durante mi juventud. El rechazo y el abandono de mi familia cuando maduré mi deseo de entrar en el seminario. Mis límites, mis miedos. Tuve miedo y me sentí inadaptado y pensé que era incapaz de ser sacerdote y asegurar la responsabilidad de los demás. Pero en la Gruta, todas las tardes, abandonaba todo eso: mis miedos, mis límites, mis heridas... y comprendí que en ese lugar Dios venía a decirme que me ama como soy y que me ha elegido para llevar su amor a los hombres. Esto me ha dado ánimo. He recibido mi mayor alegría en el Sacramento de la Reconciliación, por el que he experimentado el amor de Dios, y he comprendido que tengo que dejarme amar por Él. La oración incesante de estos días ha sido: 'María, ayúdame a abrir mi corazón al amor de Jesús y haz que pueda sentirme amado por Él.'”. (Graziano)

Es la Virgen María quien hace resonar aquí mismo su cántico de alabanza. Al principio ella se encuentra en el centro, con su experiencia, su alegría, su plenitud emocional: “Mi alma, mi espíritu...”. Sin embargo, inmediatamente después cambia el tema: “Se alegra mi espíritu en Dios”, porque Él – y a partir de ahí el tema es Dios – ha mirado la humillación de su esclava... Ha hecho obras grandes... Su misericordia llega... hace proezas con su fuerza... Dispersa a los soberbios... Derriba a los poderosos, enaltece a los humildes... Colma de bienes... Despide a los ricos... Auxilia a Israel. María habla de ella, pero todo es contemplación de ella misma en el plano de Dios, en el gran misterio donde ha entrado para siempre.

No se puede conocer al Dios del Evangelio si no se vive la experiencia de la salvación. La Virgen lo vivió, conoció al Dios del Evangelio, por ello puede proclamar a Dios y mirar la historia del mundo, poniéndose del lado del mundo. Es también la experiencia que vivió Bernardita: “¡Ese encuentro cambió mi vida!”. Puedo certificar que todos los seminaristas con los que he vivido esta experiencia, acompañándolos con la mayor discreción, han podido vivir algo de todo esto.

Respecto a la oración de María, sobre todo en los momentos de adoración al final de la Santa Misa que tiene lugar en la Gruta durante la noche, cada uno ha podido preguntarse cuál es su Magníficat, con qué palabras y haciendo eco a qué hechos ha podido expresarlo, cuáles son las grandes obras de Dios en la vida de cada uno y por las que alabamos al Señor. Cada uno de ellos ha tomado ánimos y ha abierto su corazón para ir en búsqueda de esos eventos en su vida personal, pensando en el amor y el bien que ha recibido por parte de los demás, en los encuentros que lo han llenado de alegría y fe, a partir del bautismo hasta las experiencias más recientes. Yendo al encuentro del Dios de la salvación, del Dios que nos salva, es también inevitable preguntarse de qué penas y alegrías secretas nos libera el encuentro con Dios y con el otro. Cuales son las realidades inmensas que emergen para cada uno de nosotros si ponemos del lado de la esperanza y del lado del Reino. Y cual es la llamada de Dios si elegimos ponernos del lado de los pobres.

“Lourdes ha sido un lugar de aprendizaje donde uno puede medirse a los mayores desafíos que el mundo nos propone: la enfermedad, el sufrimiento, el mal y también la alegría de estar juntos, la fraternidad y el encuentro con otras realidades diferentes a las de cada uno”. (Nicola)

“Si tuviera que decir una palabra que resumiera la experiencia de todos los días vividos en Lourdes, esa palabra sería gratuidad. Un don después de otro, gracias que se manifiestan en las cosas pequeñas. Esta tarde hemos realizado un momento de revisión y han salido muy buenas cosas. Es una experiencia, para todos, que nos ha hecho crecer -de una manera u otra... Cuando rezaba en la capilla de la adoración me llamó la atención toda esa gente que estaba de rodillas. Su cara estaba sonriente y luminosa, tranquila y en paz. ¡Nos convertimos en lo que contemplamos! La experiencia de Lourdes, el silencio de la Gruta me han permitido colocar de nuevo a Jesús en el centro de mi vida. ¡Lourdes es verdaderamente una gracia!” (Michele)

“Durante mi estancia he compartido mucho con los otros hermanos seminaristas (españoles, italianos, franceses y alemanes), y al mismo tiempo hemos aprendido mucho (no teníamos el agobio de los exámenes). Hemos pasado, sin lugar a dudas, una estancia inolvidable, con muchas anécdotas, pero sobre todo hemos podido reforzar nuestra vocación, la vocación sacerdotal. Los testimonios de los seminaristas y sacerdotes me han ayudado mucho. ¡Qué bonito es consagrarse a Dios para los demás! También me ha hecho muy feliz conocer y beneficiarme de la presencia de tantos peregrinos provenientes de numerosos países y regiones de España, observar cómo la Virgen atrae a tanta gente de mil maneras diferentes, gentes que quieren verLa e invocarLA por y para sus allegados. Es verdad que detrás de todo ello está la Providencia.” (un seminarista español)

“Me ha encantado participar en esta misión de evangelización en Lourdes. Estoy contento de haber podido compartir con otros cristianos, y no cristianos, la alegría de creer y vivir en relación con Cristo. Contento de haber encontrado hombres y mujeres de horizontes diferentes, de todas las lenguas, pueblos y naciones bajo la mirada benévola de la Bienaventurada Virgen María que nos envía a su Hijo, como le dijo aquí en Lourdes a Bernardita Soubirous: 'Vaya a beber y a lavarse en la fuente'.” (Elom)

La Virgen María dijo a Bernardita: “¿Me quiere hacer el favor de venir aquí durante quince días?”. Los seminaristas que han podido vivir este tiempo de experiencia en Lourdes han vuelto a casa con la alegría de haber dicho y confirmado su “Sí”, como ella lo dijo, ella que se sintió acogida “como una persona que mira a otra persona”.

P. Roberto Villa